domingo, 16 de junio de 2013

Capitán

Te pienso con la mirada como perdida, pero no, no lo está.
Te veo lejano, como un sueño, explorando la profundidad del océano,
buscando en el inmenso cielo alguna estrella que te guie.

Imagino la calma y la tormenta,
a vos, vos, ¿cómo habrás sido en esos momentos?

Tu inteligencia al servicio de trazar rutas invisibles,
destinos pensados para barcos ausentes y futuros navegantes...
De eso se trataron tus libros, que nunca leí y que no tengo.
Quizás los celos, tus ausencias y mis reclamos,
caprichos de insolente niña incendiaria.


Cuando al fin lo supe, cuando descubrí que en tierra firme
eras como el torpe albatros de Baudelaire...

Para qué volver a la fatalidad irónica de los hechos?
Herencia de cenizas ahogadas y memorias distantes.

He vuelto a buscarte, he recorrido las calles de la Boca,
me he detenido en el puerto buscando alcanzar el horizonte,
con la mirada como perdida y sí, si lo estaba.

He buscado tu nombre en el cementerio de San Vicente
que se iba despoblando con el avance de la tarde...
Hubiera deseado llorar ante cualquier tumba
como el pastor de Saramago...



Pero prefiero soñarte, imaginarte y pensarte remoto y lejano como el recuerdo de un sueño.