miércoles, 31 de julio de 2013

Epifanía

‘Verwaile doch, du bist so schön’,[1]
será destruido-  es aplicada 
hasta las últimas consecuencias 
en millones de vidas cada día.
Marshal Berman, 
Todo lo sólido se desvanece en el aire

Para Daniela, el domingo era sagrado porque no tenía que ir a trabajar, como Dios, que dicen que ese día descansó. Todos estamos de acuerdo en descansar, pero bueno, hay una radical falacia insalvable en este cuento,  digo, esa cuestión de que hay un Dios.
En alemán y en inglés: Sonntag / Sunday, respectivamente, está presente la figura del sol: Sonne / sun. Prefiero pensar en el sol antes que en un Dios, más aún como el que me tocó en suerte. En Perú, es vox populi, los conquistadores saquearon los templos de los dioses, llevándose la plata de la luna y el oro del sol; Inti y Quilla no pudieron ser robados, no cabían en ningún barco, pero dejaron sus cruces y sus culpas clavadas en la tierra que se desangraba debajo del fuego de las hogueras para que sean olvidados. No le veo lo divino a ninguna divinidad. En fin, mejor volvamos a la historia de esta chica.

Todo empezó el sábado, Samstag, Saturday… no hace falta saber en qué o por qué, pero en que en algo se parecen, creo que todos estamos un poco de acuerdo. En definitiva, el quid de la cuestión es que la fiebre del sábado a la noche encontró a Daniela temblando en su cama de frío y sueños delirantes. Medio dormida, medio despierta, totalmente enajenada por la fiebre, a media noche se levantó de la cama hablando en lengua negra. Salió al jardín, liviana como un espectro, el dolor y la confusión habían desaparecido.  Debajo de la noche un  escenario de cartapesta se monta en torno suyo y se encuentra en el centro de una fiesta en la que nadie se priva de ningún lujo. Ella habla una lengua ajena con soltura, mientras que los que la acompañan celebran sus palabras con gestos afirmativos y muecas de aprobación. Con sutileza se deslizan cuchicheos, miradas subterráneas y los rostros se desfiguran lentamente. El aire es cada vez más denso, se siente asfixiada; una lenta melodía de cajita musical cansada se repite, se repite, se repite, se repite…

-¡Silencio! Déjenme sola, por favor… Por favor, silencio, silencio, silencio…
-¿Por qué no empezás por callarte vos?
-¿Quién sos? Vos también quiero que te vayas y que te calles.
-Tranquila, linda. Estoy para salvarte.
-¿Salvarme? ¿Quién sos vos?
-Soy el amo del fuego y de la noche.
-¿Vos? Me podés decir cómo llegué acá.
-Solita viniste a buscarme.
-¿Por qué haría eso?
- Porque soy tu última esperanza de eternidad.
-Eternidad?? No, no, estás equivocado. Quiero morirme algún día, y que después no haya más que silencio. La inmortalidad es una condena.
-Todo depende de cómo la estés pasando.
-No lo creo, la distancia entre el paraíso y el infierno es una cuestión de tiempo.
-De acuerdo, pero quiero ver que opinás de acá a un tiempo, porque ahora estamos en el infierno…
-¡Jugás sucio!
-¿Acaso vos no? Tengo una propuesta.
-¿Esto es una especie de pacto con el demonio?
- Algo así
-¿De qué se trata?
-Tengo algo que vos necesitas.
-¿Plata?
-No, con vos no se puede! La plata no vale nada, es un invento mío. Te puedo ofrecer algo valioso de verdad...
-Sos un arrogante. A ver, dale, te escucho.
-Lo que quieras yo te lo concedo…
-A cambio de…
-De que sacrifiques el amor por el deseo.
-Amor? Sólo busco placer.
-Vos, ¿me deseas?
-No sé, antes fuck me, fick mich, cojeme... con jota, así es más duro. Y después te digo.
-Me gusta tu actitud, pero ahora yo estaba por cumplir tu deseo y no vos el mío.
-Deseo ser escritora.

Sin ademanes ni artificios solo desparece.

Plop, la chica aparece de nuevo en su cuarto.

Se ve que no todos descansan el domingo.

Lunes - Montag - Monday
Luna - Mond – Moon
Femeneidad y hombres lobos rinden culto a nuestro pálido satélite. Este día nuestra chica conoce a Daniel,el mismo nombre a la corta distancia de una letra, Daniela y Daniel se presentan. Hola, hola, miraditas, sonrisitas, mucha diplomacia para acallar sus instintos más salvajes. A la salida del laburo, un par de copas y a los instintos les importan un cuerno los modales.

El martes – Dienstag, en alemán, dienen, servir -  de vuelta al trabajo  con la cabeza partida, pero el corazón contento. Inservible al sistema, ella es despedida. Al principio le parece una mierda pero él le propone irse de la ciudad, sin dudarlo arma los bolsos y se escapan a las sierras.

El viernes siempre me sonó a libertad y se ve que a otros tambien: Freitag – Friday / Freiheit – Freedom, son suficiente argumento para esta tesis, aunque en nuestro idioma no suene ni parecido.

Sobredosis intensivas de sexo lujurioso y sutiles gestos de ternura nos alcanzan para pensar en el amor – Liebe / Love – y en la vida - Leben / Life –, efímeras formas de la locura y la muerte.

Sábado en la medianoche, hora que alberga tantos hechizos, desnuda y sólo cubierta por la luz de la luna llena pronuncia ante su amante dormido palabras antes escritas:

-Se abrirán las puertas del Infierno. Demonios furiosos devorarán los buitres que te acechan, para luego destrozar tu carne con sus garras. No quedará nada. Tu sangre será servida a las sanguijuelas que habitan los pantanos. Tu piel, tus uñas, tu pelo arderán junto a las flores: serán cenizas.

El muchacho se hizo humo ante sus ojos y  la imagen de su amado se extinguía, poco a poco, en su memoria. Su recuerdo era como un fantasma:

"Marilyn Ivy describe la lógica del fantasma o huella como el ‘movimiento de algo que está muriendo, algo que se ha ido pero no del todo, suspendido entre presencia y ausencia, ubicado en un punto en que está y no está aquí, en el proceso repetitivo del ausentarse.” [2]

Herida por las pasiones de fin de semana, se buscó un mejor trabajo y todo parecía normal, cuando se presentaron los primeros síntomas. En un principio no eran alarmantes aunque, sin duda, curiosos. La primera conducta anómala que se hizo notoriamente visible fue su visceral voluntad de modificar rotundamente sus hábitos alimenticios: Por las mañanas desayunaba las hojas del diario local; cerca del mediodía almorzaba sin entusiasmo los informes sobre los que había estado trabajando durante la jornada laboral; por las tardes gustaba de las más variadas meriendas, la historia le encantaba, pero a veces le caía mal y pasaba días a dieta sólo pensando… Casi ritual, opíparas cenas deleitándose con exquisiteces literarias, su manjar predilecto; en las noches de exceso, repetía poesía que brotaba de su garganta y el olor del tiempo se confundía con su aliento. Por las noches soñaba con signos y letras hasta que el viernes despertó sin poder pronunciar palabra alguna.

Silenciosa y taciturna deambuló por las plazas y museos de la ciudad. Cansada de sus andanzas sin rumbo, regresó a su casa, tomó su cuaderno y comenzó a escribir. No con una lapicera, un lápiz, ni siquiera con una pluma o un cuchillo, sino con sus uñas, sus dedos, sus manos, su lengua, sus ojos, su piel; de todo su cuerpo, de su ser, se desprendieron palabras que se volcaban sobre la hoja hasta desangrarla en tinta. Llegó el último domingo.

-Daniel.
-No, ¿te olvidaste de nuestro pacto?
-No.
-Dama mía, la estaba esperando.
-Señor mío, soy suya.






[1] J. W. Goethe, Faust. “Quédate, eres tan bello.”

[2] Axel Lazzari, Autenticidad, sospecha y autonomía: la recuperación de la lengua y el reconocimiento del pueblo rankülche en La Pampa