sábado, 26 de octubre de 2013

Hay que cuidarse de las interpretaciones

Salgo a fumar a la vereda porque adentro está prohibido. Nada se ve lindo, apenas la luz de un sol todavía demasiado tímido, esta primavera lo apaga la espesa sospecha de que el odio puede vencer.
En el abasto, los sábados y domingos es como si amaneciera un escenario apocalíptico post punk. La basura empeora mi humor y decido juntar aquella que insiste en arremolinarse sobre mis metros cuadrados de vereda, que son los únicos -a esta altura- sucios, se ve que mis vecinos anónimos ya limpiaron. Las veces que barro la vereda imagino que estaría bueno tener una vecina copada con la que tomar unas birras en los umbrales de nuestras casas, charlando y disfrutando de la pulcritud de nuestras baldosas. Pero este no es el caso.
Voy juntando en una bolsa lo que encuentro tirado, sin embargo, el viento insiste en empujar -más allá y en el momento justo- lo que intento atrapar. Un montón de papeles escurridizos como conejos. Zaz, capturo algo y lo agarro fuerte con mi bolsa guante...
Aparece otra complicación -que parece otra- pero es el mismo viento. Atiendo la situación: una cinta roja de peligro escapando de la bolsa, sacudiéndose como una serpiente erguida sujetada por mi puño. El corazón se cierra, la temida certeza de estar ante un sentido unívoco, absoluto, transparente...